Resumen:
El artículo analiza críticamente la evolución del fenómeno de la captura regulatoria hacia una forma más grave: el “secuestro” del regulador. Mientras la captura supone una influencia indebida de los regulados sobre la autoridad, el secuestro implica la pérdida casi total de autonomía del regulador, que pasa a actuar abiertamente en favor de intereses privados o políticos. El autor advierte que esta situación vacía de contenido la regulación, distorsiona la competencia, perjudica a los consumidores y debilita la confianza institucional. Se enfatiza la necesidad de salvaguardas institucionales, independencia técnica y rendición de cuentas para evitar este deterioro.
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